sábado, marzo 18, 2006



EL GUANACO SE VA AL CINE

Sábado por la tarde, buen momento para una sesión doble (como las de antes)

Hoy programan Historias Mínimas y Bombón el Perro...

A la entrada de la sala no les daré palomitas ni refrescos, horrorosa costumbre que entre otras consecuencias obliga a nuestros oídos a padecer la subida del volumen de las proyecciones para tapar los ruidos de bolsas abriéndose, de gente masticando sin parar y del sonido gutural de latas que se apuran hasta la última gota, eso y que las nuevas generaciones parecen sordas...pero vayamos a lo nuestro que empieza la proyección.

La primera vez que vimos Historias Mínimas disfrutamos como tehuelches tras arrasar un boliche, con una ventaja...no tuvimos resaca.

Esa secuencia del reencuentro entre el Malacara y Don Justo, esa mirada es sensacional... Como acertadísima es la música, magnífica banda sonora si señor. Hay películas que a cada visionado parecen ganar con el tiempo, Historias Mínimas es una de esas películas.

Los personajes e historias retratados por Sorín son fiel reflejo de una realidad que podría fundirse con la ficción...pero no...son bien reales, Patagonia atesora muchas “Historias Mínimas”.



Hemos visitado lugares a los que uno llegó reverente ante la Historia que esos pagos atesoran...Chubut, Santa Cruz...paisajes fabulosos, Terra Incógnita por mucho tiempo.

Otras veces nos hemos internado por ripios para conocer personajes que son monumentos de una Patagonia que se acaba, pero también gracias a los “tiempos modernos” y sus inventos La Rotisería Estelita fue lugar de obligada parada camino de Deseado



Me senté como Don Justo a esperar el paso de uno de esos enormes camiones, a disfrutar de esa secuencia de la película en primera persona.

Estábamos tomando unos cafés, atendidos por dos hermanos de no más de 10 años. En el rato que estuvimos allá no apareció ningún adulto, ellos nos sirvieron los cafés y el cachamai, nos cobraron y hasta nos dieron conversación.

Recuerdo al niño, no tendría más de ocho años, víctima de la polio los hierros en sus piernas no le impedían encaramarse al metegol o a la barra del establecimiento, haciendo demostraciones de una energía descomunal, como queriéndonos decir...¡¡¡esos jodidos hierros no podrán conmigo!!!...que bárbaro muchachito, ojalá que les vaya bien.

Unos kilómetros más allá nos esperaba Jorge Gómez el carabinero del que les conté ampliamente en la entrega de este blog titulada Puerto Deseado Entre Pingüinos Roqueros.

Esa larga tarde hicimos como Mia Farrow en La Rosa Púrpura... habíamos cruzado la “pantalla” estábamos dentro de las Historias Mínimas de Sorín...y esos días seguiríamos dentro de la realidad -ficción coincidiendo después con Bombón en Caleta Olivia.




Este pasado año nuevamente volvimos a “entrar en la pantalla”, para comprar unas facturas en la Panificadora de San Julián, escenario de la genial escena en la que el viajante sugiere rediseñar la torta...

No tuvimos tiempo de participar en El Casino Multicolor a ver si nos ganábamos la multiprocesadora o el kit de belleza

Y Qué decir de Bombón el Perro...moderna fábula patagónica.

Con Bombón jugamos al ratón y al gato.

Andábamos por Patagonia y vimos como la rodaban, pero cuando la estrenaron en nuestra ciudad volvíamos a estar en Patagonia. Dado lo poco que aguantan ciertas películas en las salas de cine comercial, tuvimos que recurrir al “cine casero”. Aún y sin haberla visto como debe verse una película, o sea en el cine, el film es fenomenal.

Naturalmente al visionar Bombón nuestra imparcialidad estaba en quiebra...habíamos compartido hotel en Caleta con el equipo y “las estrellas caninas del film”.

Saludamos a uno de los Bombón, el que estaba en condiciones de filmar ya que el otro había recibido un buen mordisco de su colega (no solo las estrellas de Hollywood tienen problemas de ego). El cuidador nos contaba que se le había infectado la herida en la oreja y que estaba pensando en hacer venir “otro bombón” de Buenos Aires para sustituirlo.

Si alguien dijo que “Patagonia es un estado mental” Sorín en sus dos obras aporta muchas pistas que apuntan en esa dirección.




No es el Malacara ni Bombón pero este amigo de Pirámides hace honor a los perros en Patagonia...algún día les contare de perros.


Vaya desde El Guanaco Volador nuestra admiración por el trabajo de Carlos Sorín.