sábado, enero 21, 2006


Touring en Trelew

CINCO DIAS EN TREVELIN


Trelew, poco más de las cinco de la tarde, Miguel nos deja en la estación de buses, nos había recogido un par de horas antes en Pirámides donde habíamos pasado cinco días disfrutando de ese lugar sensacional del que les hablaré próximamente.

A las diez de la noche salía nuestro bus para Esquel, la idea era conocer la zona del P.N. de Los Alerces, luego nuestro viaje seguiría hacia Coyhaique cruzando a Chile por Futaleufú.

En las cinco horas que faltaban aprovechamos para visitar el Museo Egidio Feruglio, un lujo para la estética Patagona, la librería Morón, siempre es obligada una visita a las librerías de Patagonia, y comimos unos sándwich en el Touring, por lo longevo símil patagón de nuestras catedrales.
Conserva un encanto especial, se respira un ambiente que nada tiene que ver con la sensación de inseguridad que produce ver la cantidad de rejas metálicas de los comercios, entrar en una farmacia parece entrar en una comisaría.

Henos aquí sentados en un bus lleno, nuestros asientos huelen a vómitos, por suerte (es un decir) por lo “suave” de los efluvios debieron ser de algún bebé…si llegan a ser de un borracho.

El pasaje era mayoritariamente nacional, conversamos con una madre y su hija, argentinas pero residentes en España, la chica…una Lolita...Más tarde coincidimos en la visita al P.N. de los Alerces y ciertamente su madre demostraba una paciencia encomiable.
Pero…a nuestra Lolita le debo haber conocido a Teresita de la que les contaré porque, vale la pena viajar para a veces, conocer verdaderos PERSONAJES en mayúsculas. En esos cinco días en Trevelin conocimos a varias personas que son ejemplo vivo de lo que es la verdadera Patagonia.

El viaje en bus de noche no es lo más recomendable (a menos que quieras ganar tiempo), en este caso nos perdimos un trayecto histórico de 600 Km. que habrá de re-recorrer.

Pasamos por la plaza de Gaiman en la que habíamos estado hacía unos años. Esa noche había luna llena por lo que al acercarnos a Los Altares las formas se adivinaban fantasmagóricas. Y así, entre parada y parada, se hicieron las seis de la mañana cuando llegamos a un lluvioso Esquel. (Insisto que este trayecto habrá que volverlo a hacer bien)

La estación de buses de Esquel me pareció de las más limpias y bien cuidadas que hay en Patagonia y además la gente a pesar de esa hora te trataba con buen humor, cosa que tras la paliza del viaje se agradece.
Mientras tomábamos, unos cafés con leche y unas medialunas recién hechas, lo que en aquellas circunstancias eran delicatessen, Lolita y su mamá nos proponen compartir alojamiento en un residencial en Esquel…verán es que nosotros hemos decidido que seguimos hasta Trevelin, fue una gran elección se lo aseguro.

Al poco salía un bus, así que a las nueve de la mañana ya estábamos en la Plaza de Trevelin... en la oficina de información.