sábado, enero 21, 2006


Trevelin

Había mandado varios mails desde casa y nunca obtuve respuesta (luego comprobé que en Trevelin las comunicaciones no andan del todo finas), pero la respuesta que a esas horas tuvimos de Mimí y lo bien que nos informó nos permitió en poco rato tener el equipaje y nuestros cuerpos instalados en las Cabañas Oregon de la familia Contreras, al final de la calle principal un lugar excelente con personas igualmente excelentes.

Como siempre, una ducha ayuda a sacudirse esos picores, esa sensación incómoda de haber estado encerrado en un cajón cual corderos patagónicos. Pero el cuerpo sigue bastante revuelto, es el jet-lag patagón.
Una buena manera de pasarlo es caminar y les aseguro que esa calle la hicimos no se cuantas veces ya al primer día de llegar.

Arreglamos con una agencia de remises para movernos (en Trevelin no alquilaban autos), Los Troncos se convirtió en el sitio ideal para cenar y conversar con Betty, el Gringo y su hija Tamara que nos informaron re-bien de la vida de ese pueblo “diferente”.
Como siempre en los sitios pequeños, todos se conocen y en muchos casos son familia, Betty resultó ser la hermana de Gustavo, socio en lo de los remiseros, con quien visitamos Lago Rosario (ya verán cuando lo lean).

Es curioso como cinco días pueden dar para tanto, cuando repaso lo que aconteció a partir de ese mediodía de un miércoles hasta el domingo, la gente a la que conocimos y los paisajes de ese rincón de la Cordillera…


Clery Evans

Miércoles

Tras comer ligerito en Los Troncos, decidimos visitar a Clery Evans, nieta del pionero galés John Daniel Evans de quien hablan un puñado de libros incluido el que ella misma escribió.

No tengo tiempo para contarles la historia de los galeses en Patagonia, hay bastantes libros que hablan de ello, (Ver guía literaria particular en este blog)

Prefiero contarles de Clery que, además de ser receptora de parte de la historia de Patagonia es una persona inolvidable. Nos recibió dos tardes en su casa, decirles que en la segunda visita nos regaló un libro imposible de encontrar (presente inmejorable), también una revista que para un loco como el que escribe es como un tesoro, otro ejemplar de su libro, y sobre todo un cariño que le agradezco de corazón.

Creo que hubo un hecho que jugó a nuestro favor, era principio de temporada, en Trevelin éramos los únicos turistas alojados y cuando nos presentamos Clery preguntó ¿Y como conocen la Historia del Malacara?, dando por supuesto que veníamos por Chatwin,
Le contesté, en realidad venimos por el libro de A. Gimenez Hutton... ¿Leyeron a Adrián?...resultó ser la contraseña perfecta para que nuestra anfitriona se interesara por nuestro interés valga la redundancia.

Nos hizo pasar a su “Museo del Malacara”, nos sentó en dos cómodos sillones, encendió el fuego y empezó a relatarnos, como la mejor contadora de cuentos la historia de los Galeses y su família.
Pueden imaginarse la escena, hubo un momento en que entre el calorcito del fuego y la voz de Clery, nosotros sin haber dormido la noche anterior...lo cierto es que ante tan interesante persona a uno se le disparan resortes desconocidos, pregunté y pregunté a lo que Clery fue intuyendo nuestra fascinación por Patagonia y sus gentes...

Hacía rato que una pareja de italianos andaba esperando su turno, así que nos despedimos tras un par de horas de charla...Vuelvan otro dia dijo Clery...ya lo creo que volvimos y en este caso lo de nunca segundas partes fueron buenas es falso (debe ser la excepción esa...)

Al salir hablamos con Don Miguel empleado de Clery, le invitamos a un cigarrillo y al despedirnos le hice reír al comentarle...Don Miguel pensará.... que locos estos gallegos, vaya cosa rara venir hasta acá para visitar ¡¡¡la tumba de un caballo!!!.

Creo que fue esa noche hubo eclipse lunar, suerte que empezó pronto porque esa primera noche en Trevelin me eclipsé muy pronto entre las sábanas de esa cama, en esa habitación de esa cabaña tan confortable...podría ser uno de los sitios en que me podría perder...el problema es que tengo tantos en Patagonia...