jueves, febrero 09, 2006



Las Pinturas

Si a la Cueva de las Manos algún atrevido osó llamarla la Capilla Sixtina...La María sería El Louvre.




Como conseguimos información de La María

Andábamos armando el itinerario de nuestro viaje, Península Valdés y El Chaltén iban a ser principio y final pero teníamos ganas de aprovechar el enlace en bus para conocer algo más de Santa Cruz.




Uno de esos días vimos un documental argentino sobre pinturas rupestres de Patagonia. En el se habla de La María y aparece Rafael S. Paunero, arqueólogo director de las excavaciones explicando sobre el yacimiento e incluso expone su teoría de cómo pintaban los Tehuelches.

Nos vino como anillo al dedo, buscamos en la red, dimos con la dirección mail de la Estancia y escribimos solicitando información...la sorpresa fue mayúscula ya que la respuesta no llegó desde San Julián (a donde mentalmente creí escribir) sino...¡¡¡del Museo de la Plata!!!... el del Perito y Onelli, hablando de Tehuelches...donde Orqueque está disecado......y quien firmaba el correo ¡¡¡era Paunero!!!




Hubo cruce de correos...derrochó amabilidad y agradeció nuestro interés. Me honra decir que acabé recibiendo directamente del señor Paunero su último libro. Lástima que por tres días no coincidimos con él en La María

Por las indicaciones de Paunero llegué a hablar por teléfono con San Julián ante la sorpresa de Chiquito por mi llamada para confirmarle nuestro interés (cosa que más tarde tuvo sus frutos inesperados).

¿Que hora es allá? Pregunto sorprendido por que alguien de tan lejos llamara por teléfono...


Como llegamos hasta allá

Tras una noche de bus bajando desde Madryn, a eso de las siete de la mañana desembarcábamos en San Julián...donde a los Tehuelches les llamaron por primera vez Patagones.

En las primeras horas de viaje habíamos charlado con Enrique que nos contó de Puerto Santa Cruz, de toninas y leones.

Cuando el bus paró en Trelew aprovechamos para estirar las piernas ya que la noche iba a ser larga y en estas que oímos un idioma conocido, dos chicas estaban cargando su equipaje...acto seguido ellas nos oyeron hablar y entablamos conversación... ellas también iban a parar en San Julián.

Mientras cenábamos la señora del asiento contiguo me estuvo contando...venía de Misiones para hacer temporada en Las Tunas en el Lago Cardiel...tres días de viaje para pasarse casi seis meses trabajando.

Más tarde una curiosa chica brasileña anduvo un buen rato canturreando lo que oía en sus auriculares...fue como una especie de nana que ayudó a echar alguna cabezadita. En el trayecto el resplandor de Comodoro se adivina muchos kilómetros antes de llegar y te acompaña igualmente por todo el Golfo de San Jorge.

Curiosamente ese amanecer apareció envuelto en una niebla inesperada en tierra tan ventosa, niebla que se fue disipando a medida que llegábamos a San Julián donde la mañana lucía luminosa y radiante.

Mientras recogíamos el equipaje un hombre se dirigió a nosotros...¿Son ustedes El Guanaco Volador?...sorprendidos contestamos preguntando...¿Si?

“Miren, soy Alejandro, primo de Fernando y hermano de Chiquito que me mandó venir a esperarles para llevarles al hotel y arreglar su visita a La María”.

Un gusto...un gusto...

Las calles a esas horas ya tenían mucho movimiento y por fin estábamos contemplando la Bahía de San Julián